La jarilla es un arbusto resinoso y perenne emblema de zonas áridas y semiáridas de Argentina. Sin embargo, poco se sabía sobre sus orígenes remotos hasta ahora, cuando un equipo de investigación describió el primer registro inequívoco a nivel mundial de maderas fósiles de la familia Zygophyllaceae, estrechamente emparentadas con las jarillas autóctonas actuales (género Larrea).
Ciencia: hallan maderas fósiles de 18 millones de años en Argentina
CARMEN MANDATO - GETTY IMAGES.
El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Journal of Systematic Palaeontology, se produjo en sedimentos de la Formación Mariño, en la localidad de Potrerillos, Mendoza. Estos fósiles tienen una antigüedad aproximada de 18 millones de años, correspondiente a la época del Mioceno.
"El material hallado consiste en maderas petrificadas que han preservado de forma asombrosa su estructura interna".
Utilizando microscopía óptica y electrónica de barrido, los científicos identificaron rasgos anatómicos únicos. La nueva especie fue bautizada como Larreoxylon cuyensis, en honor a la región de Cuyo donde fue descubierta", apunta una comunicación científica.
"Los elementos celulares preservados reflejan adaptaciones típicas de plantas que habitan ambientes con escasez de agua, como células conductoras muy pequeñas y de paredes gruesas", explica el estudio. Estos detalles confirman que, hace millones de años, estas plantas ya estaban "equipadas" para sobrevivir en condiciones extremas.
Según los expertos, el descubrimiento permite reconstruir una etapa clave de la historia evolutiva de la región andina. La diversificación de estas plantas estuvo vinculada al levantamiento de la cordillera de los Andes, un proceso geológico que cambió el clima para siempre.
"Estos fósiles nos muestran que la jarilla y sus parientes ya estaban adaptados a la aridez hace 18 millones de años, mientras los Andes proseguían su levantamiento y limitaban el ingreso de las lluvias desde el océano Pacífico", explica la doctora Jimena Franco, autora principal del trabajo.
El hallazgo ayuda a comprender cómo las plantas respondieron a cambios geológicos de gran escala y cómo se originaron los biomas (paisajes naturales) que vemos hoy en el oeste argentino.
Además del valor histórico, el equipo realizó un aporte científico fundamental: el primer análisis filogenético (árbol evolutivo) basado exclusivamente en caracteres de la madera de Zygophyllaceae. Al comparar el fósil mendocino con 19 especies actuales, los resultados coincidieron con los estudios de ADN modernos. Esto demuestra que la anatomía de la madera es una herramienta robusta para reconstruir la historia de la vida, incluso cuando no hay material genético disponible.
Asimismo, el hallazgo sirve como "punto de calibración" para entender cómo se distribuyeron las floras áridas por el mundo, incluyendo la llegada de especies emparentadas a los desiertos de América del Norte (como el de Sonora o Mojave) mediante el transporte biótico.
Así, el descubrimiento no solo pone a Mendoza en el centro de la paleontología mundial, sino que otorga un nuevo valor a la jarilla: un habitante milenario que aprendió a vivir en el desierto mucho antes de que el hombre caminara sobre la Tierra.
El equipo de investigación estuvo integrado por expertos del Cicyttp (Conicet-Prov. ER-Uader), Museo Histórico Regional (Villa La Angostura, Neuquén), la Universidad Nacional de La Plata y el Ianigla (Conicet-Mendoza).