martes, 5 de mayo de 2026

CIENTÍFICOS IDENTIFICAN UNA NUEVA ESPECIE DE SAUROPODOMORFO MASÓPODO QUE VIVIÓ EN CHINA DURANTE EL JURÁSICO TEMPRANO.

 Se ha identificado un nuevo género y especie de sauropodomorfo masópodo que vivió durante el Jurásico Temprano a partir de un esqueleto parcial desenterrado en el suroeste de China. Bautizado como Xiangyunloong fengming , este dinosaurio cierra una brecha crucial entre los primeros herbívoros y los colosales saurópodos de cuatro patas que posteriormente dominarían el mundo mesozoico.


Representación artística de Xiangyunloong fengming . Crédito de la imagen: Connor Ashbridge / CC BY 4.0.

Xiangyunloong Fengming vivió en lo que hoy es China durante el Jurásico Temprano, hace aproximadamente 190 millones de años.

A partir de sus huesos conservados, el dinosaurio medía aproximadamente entre 9 y 10 metros (30-33 pies) de largo, lo que lo convierte en uno de los dinosaurios sauropodomorfos de divergencia temprana más grandes conocidos de China.

Esta especie pertenecía al grupo de los masópodos , un grupo de saurópodos que vivieron desde el Triásico Superior hasta el Cretácico Superior.

“La época del Jurásico Temprano es un período crucial en la evolución de los dinosaurios, en el que se observa la diversificación y el ascenso al dominio de los dinosaurios sauropodomorfos en el ecosistema terrestre”, dijeron el Dr. Ya-Ming Wang del Museo Geológico de China y sus colegas.

“Dentro de este grupo, los sauropodomorfos masópodos no saurópodos desempeñaron un papel crucial en las vías evolutivas que condujeron a los gigantescos planes corporales característicos de los saurópodos.”

“Por lo tanto, comprender la anatomía, la diversidad y la paleobiogeografía de estos sauropodomorfos de divergencia temprana es fundamental para descifrar los orígenes de los saurópodos, que representan uno de los clados de dinosaurios más exitosos.”



El esqueleto parcial de Xiangyunloong Fengming fue hallado en la Formación Fengjiahe, en la ciudad de Luming, provincia de Yunnan, China.

El espécimen está representado por vértebras del cuello, la espalda y la cola, así como por partes de la cadera.

El análisis del fósil muestra que el dinosaurio poseía una combinación inusual de características que los investigadores describen como una vía evolutiva alternativa: no el cuello largo que la mayoría de la gente asocia con los dinosaurios gigantes, sino una cola excepcionalmente robusta y alargada.

Es posible que la cola sirviera como contrapeso, permitiendo al animal erguirse sobre sus patas traseras para alimentarse, a pesar de tener un cuello relativamente corto en proporción al tamaño de su cuerpo.

Mediante un análisis filogenético, los científicos descubrieron que Xiangyunloong fengming ocupa una posición evolutiva entre los sauropodomorfos más antiguos y las formas más derivadas, más cercanas a los verdaderos saurópodos.

“El descubrimiento de este nuevo ejemplar enriquece significativamente la fauna de dinosaurios del Jurásico Temprano conocida del suroeste de China”, afirmaron los autores.

“Aporta nuevas características anatómicas cruciales que mejoran nuestra comprensión de la disparidad morfológica y los patrones evolutivos entre los sauropodomorfos de divergencia temprana.”


Los resultados se publicaron el 25 de marzo en la revista Royal Society Open Science .

martes, 14 de abril de 2026

CIENTÍFICOS DESCRIBEN EL PRIMER REGISTRO INEQUÍVOCO A NIVEL MUNDIAL DE MADERA FÓSIL CON 18 MILLONES DE AÑOS DE ANTIGÜEDAD EN LA ARGENTINA.

La jarilla es un arbusto resinoso y perenne emblema de zonas áridas y semiáridas de Argentina. Sin embargo, poco se sabía sobre sus orígenes remotos hasta ahora, cuando un equipo de investigación describió el primer registro inequívoco a nivel mundial de maderas fósiles de la familia Zygophyllaceae, estrechamente emparentadas con las jarillas autóctonas actuales (género Larrea).


Ciencia: hallan maderas fósiles de 18 millones de años en Argentina

CARMEN MANDATO - GETTY IMAGES.

El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Journal of Systematic Palaeontology, se produjo en sedimentos de la Formación Mariño, en la localidad de Potrerillos, Mendoza. Estos fósiles tienen una antigüedad aproximada de 18 millones de años, correspondiente a la época del Mioceno.

"El material hallado consiste en maderas petrificadas que han preservado de forma asombrosa su estructura interna".

Utilizando microscopía óptica y electrónica de barrido, los científicos identificaron rasgos anatómicos únicos. La nueva especie fue bautizada como Larreoxylon cuyensis, en honor a la región de Cuyo donde fue descubierta", apunta una comunicación científica.

crotesía : ansa.

"Los elementos celulares preservados reflejan adaptaciones típicas de plantas que habitan ambientes con escasez de agua, como células conductoras muy pequeñas y de paredes gruesas", explica el estudio. Estos detalles confirman que, hace millones de años, estas plantas ya estaban "equipadas" para sobrevivir en condiciones extremas.

Según los expertos, el descubrimiento permite reconstruir una etapa clave de la historia evolutiva de la región andina. La diversificación de estas plantas estuvo vinculada al levantamiento de la cordillera de los Andes, un proceso geológico que cambió el clima para siempre.

"Estos fósiles nos muestran que la jarilla y sus parientes ya estaban adaptados a la aridez hace 18 millones de años, mientras los Andes proseguían su levantamiento y limitaban el ingreso de las lluvias desde el océano Pacífico", explica la doctora Jimena Franco, autora principal del trabajo.

El hallazgo ayuda a comprender cómo las plantas respondieron a cambios geológicos de gran escala y cómo se originaron los biomas (paisajes naturales) que vemos hoy en el oeste argentino.

Además del valor histórico, el equipo realizó un aporte científico fundamental: el primer análisis filogenético (árbol evolutivo) basado exclusivamente en caracteres de la madera de Zygophyllaceae. Al comparar el fósil mendocino con 19 especies actuales, los resultados coincidieron con los estudios de ADN modernos. Esto demuestra que la anatomía de la madera es una herramienta robusta para reconstruir la historia de la vida, incluso cuando no hay material genético disponible.

Asimismo, el hallazgo sirve como "punto de calibración" para entender cómo se distribuyeron las floras áridas por el mundo, incluyendo la llegada de especies emparentadas a los desiertos de América del Norte (como el de Sonora o Mojave) mediante el transporte biótico.

Así, el descubrimiento no solo pone a Mendoza en el centro de la paleontología mundial, sino que otorga un nuevo valor a la jarilla: un habitante milenario que aprendió a vivir en el desierto mucho antes de que el hombre caminara sobre la Tierra.

El equipo de investigación estuvo integrado por expertos del Cicyttp (Conicet-Prov. ER-Uader), Museo Histórico Regional (Villa La Angostura, Neuquén), la Universidad Nacional de La Plata y el Ianigla (Conicet-Mendoza). 


lunes, 23 de febrero de 2026

PALEONTÓLOGOS IDENTICAN LOS RESTOS, DEL COCODRILO GALGO, UN REPTIL PREHISTÓRICO QUE CORRÍA CON RAPIDEZ HACE 225 MILLONES DE AÑOS EN INGLATERRA.

 Hace más de doscientos millones de años, en lo que hoy es el suroeste de Inglaterra, un pequeño depredador recorría con agilidad las tierras secas, lejos de los pantanos y ríos donde hoy asociamos a los cocodrilos. El hallazgo y estudio de sus restos han permitido a la ciencia identificar una nueva especie de reptil terrestre del Triásico, Galahadosuchus jonesi, que desafía la imagen tradicional de los cocodrilos. Así lo informaron investigadores británicos en un trabajo publicado en The Anatomical Record.


Nuevo hallazgo paleontológico describe un reptil terrestre del Triásico en el suroeste de Inglaterra (The Anatomical Record).

El fósil de Galahadosuchus jonesi fue recuperado en 1969 en la cantera de Cromhall, condado de Gloucestershire, pero permaneció décadas sin ser correctamente clasificado. Este animal ha sido apodado el “cocodrilo galgo” por su constitución ligera, sus patas largas y su capacidad para correr en tierra firme. Su identificación como una especie diferente se logró tras un análisis anatómico minucioso y el uso de nuevas tecnologías, como escaneos por tomografía computarizada.

El nombre del género, Galahadosuchus, hace referencia al caballero de la leyenda artúrica, en alusión a la postura erguida del animal, mientras que el epíteto jonesi rinde homenaje a David Rhys Jones, un profesor galés que inspiró a uno de los autores del estudio. “El primer capítulo de mi tesis es nombrar una nueva especie de cocodrilo fósil, y la estoy nombrando por usted”, contó Ewan Bodenham, paleontólogo principal.

Investigadores británicos identificaron una nueva especie fósil, Galahadosuchus jonesi (The Anatomical Record).

El Triásico tardío fue un periodo de intensos cambios, cercano a una de las mayores extinciones masivas de la historia de la Tierra. En esa época, el área del canal de Bristol era un paisaje árido y elevado, muy diferente del actual. Los depósitos fósiles se formaron en grietas de piedra caliza, conocidas como “fissure deposits”, que atraparon restos de una fauna diversa. “Las fisuras del Triásico tardío–Jurásico temprano del área del canal de Bristol (suroeste de Inglaterra y sur de Gales) son reconocidas por sus diversas faunas de vertebrados”, resumió el artículo científico.

En estos yacimientos han aparecido dinosaurios primitivos, reptiles planeadores, pequeños mamíferos y otros arcosaurios. Galahadosuchus convivió con especies como Thecodontosaurus y su pariente cercano Terrestrisuchus, pero presentaba diferencias clave que justifican su estatus de género y especie propia.

El esqueleto analizado incluye vértebras, costillas, partes de las extremidades y placas óseas llamadas osteodermos. La comparación con otros fósiles y un análisis evolutivo de casi 40 especies permitieron identificar 13 características anatómicas únicas. Entre ellas destacan las proporciones de los huesos del antebrazo, la forma del fémur y la estructura de la muñeca y el tobillo.

“Mi proyecto de doctorado consiste en estudiar las relaciones evolutivas de estos primeros cocodrilos”, explicó el paleontólogo. Los resultados muestran que Galahadosuchus poseía una postura erguida y una locomoción eficiente sobre tierra firme.

(The Anatomical Record).

Varias características anatómicas indican que Galahadosuchus era un cuadrúpedo terrestre altamente esbelto y cursorial, con postura erguida. La robustez y longitud de sus huesos, junto a la disposición de las extremidades bajo el cuerpo, confirman que este animal estaba adaptado para desplazarse rápidamente en busca de presas pequeñas.

Galahadosuchus pertenece al grupo de los Saltoposuchidae, un clado de cocodrilomorfos primitivos que ya mostraba una diversidad ecológica considerable. Hasta ahora, se pensaba que estos reptiles eran bastante homogéneos, pero la diferencia en la estructura de las extremidades y los carpos sugiere que incluso entre especies cercanas existían especializaciones distintas para la locomoción.


La presencia de este “reptil galgo” junto a otros depredadores terrestres muestra que, antes de la gran extinción que marcó el final del Triásico, los antepasados de los cocodrilos modernos ya experimentaban con formas y estilos de vida muy variados. Estos animales eran altamente gráciles, pequeños y construidos para el sprint, más cerca del tamaño de un gato que de un cocodrilo actual.

A diferencia de los actuales cocodrilos, adaptados al acecho acuático, sus ancestros incluían depredadores ágiles que recorrían paisajes áridos. El descubrimiento de Galahadosuchus jonesi amplía la imagen de los cocodrilos como grupo y recuerda la importancia de revisar fósiles olvidados en colecciones. El espécimen permaneció en una colección durante décadas antes de que un reanálisis cuidadoso y técnicas modernas de imagen revelaran que era algo completamente nuevo.

Las investigaciones en yacimientos como el de Cromhall continúan aportando pistas sobre la evolución de los grandes grupos de reptiles y sobre la vida en la Tierra antes de que los dinosaurios dominaran el planeta.

sábado, 21 de febrero de 2026

CIENTÍFICOS DESCRIBEN EL ESQUELETO MÁS ANTIGUO Y MAS COMPLETO CONOCIDO HASTA AHORA DE HOMO HABILIS.

 Un equipo internacional participado por investigadores catalanes ha descrito el esqueleto más antiguo y más completo conocido hasta ahora de Homo habilis, con una antigüedad de más de dos millones de años y que se encuentra en muy buen estado de conservación. El fósil procede de East Turkana, en el norte de Kenia, y se considera la mejor evidencia postcraneal conseguida de Homo habilis, una especie humana extinta (un hominino) que probablemente fue ancestro del Homo erectus.

En el hallazgo, que ha sido publicado en The Anatomical Record, han participado varias instituciones, entre ellas el Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (IPC-CERCA), según ha informado este martes el organismo en un comunicado. El descubrimiento aporta "evidencias clave" para comprender la biología y la evolución de los primeros humanos.


La dentición mandibular y los elementos postcraneales que constituyen KNM-ER 64060 y KNM-ER 64061, respectivamente. / Adaptado de Grine, F. E. et al.

El nuevo esqueleto de Homo habilis descrito (KNM-ER 64061) está datado entre 2,02 y 2,06 millones de años e incluye ambas clavículas, fragmentos de escápula (omóplatos), ambos huesos del brazo (húmeros), ambos huesos del antebrazo (radios y cúbitos), fragmentos de la pelvis (huesos coxales) y parte del sacro. Esta agrupación de huesos está asociado además a un conjunto casi completo de dientes mandibulares, por lo que se han asignado todos los huesos a un mismo individuo.

Los coautores Bill Jungers y Meave Leakey examinando los restos de KNM-ER 64061 en el Turkana Basin Institute en 2014. / Ashley S. Hammond.

Antes de este descubrimiento, solo se había identificado un pequeño número de individuos de Homo habilis en los que los huesos estuvieran claramente asociados a restos dentarios diagnósticos. Los análisis de KNM-ER 64061 indican que muchos detalles de la anatomía de las extremidades se parecen a los de Homo erectus y a especies posteriores del género Homo.

No obstante, el Homo habilis analizado era un ejemplar más bajo, menos robusto y con brazos más largos y fuertes. En concreto, este individuo medía aproximadamente 160 centímetros de altura y pesaba entre 30,7 y 32,7 kilos.



viernes, 6 de febrero de 2026

LA ICNOLOGÍA , LA RAMA DE LA PALEONTOLOGÍA QUE ESTUDIA LAS HUELLAS DE ANIMALES PREHISTÓRICOS.

 Cuando pensamos en animales extinguidos, la imagen que suele venir a la mente es la de un esqueleto montado en un museo. Sin embargo, algunos de los testimonios más valiosos de la vida prehistórica no son huesos, sino huellas fosilizadas: pisadas conservadas en roca que actúan como instantáneas del comportamiento animal hace millones de años.

La icnología, la rama de la paleontología que estudia estas huellas, ha revolucionado nuestro conocimiento sobre la morfología, locomoción y conducta de especies desaparecidas, desde dinosaurios hasta mamíferos primitivos. A diferencia de los fósiles óseos, las huellas nos hablan de animales vivos, en movimiento y en interacción con su entorno.



Qué son las huellas petrificadas y cómo se forman

 Las huellas petrificadas, o icnofósiles, se originan cuando un animal pisa un sustrato blando —barro, arena húmeda o ceniza volcánica— que posteriormente se endurece y queda enterrado por nuevos sedimentos. Con el paso de millones de años, estos sedimentos se litifican y conservan la marca original.

Para que una huella se preserve, deben coincidir condiciones muy específicas: humedad adecuada, rápida cobertura y ausencia de erosión. Por eso, cada rastro fósil es un hallazgo excepcional.

Morfología: mucho más que la forma del pie

 El tamaño, la profundidad y la geometría de una huella permiten a los científicos inferir la anatomía del animal que la produjo, incluso cuando no se ha encontrado ningún hueso asociado.

A partir de una pisada, los investigadores pueden estimar:

-Tamaño y masa corporal del animal

-Longitud de las extremidades

-Postura (bípedo o cuadrúpedo)

-Distribución del peso al caminar

Por ejemplo, huellas tridáctilas bien definidas indican dinosaurios terópodos carnívoros, mientras que pisadas redondeadas y profundas suelen asociarse a grandes saurópodos herbívoros. En algunos casos, las huellas han revelado especies desconocidas que aún no cuentan con restos óseos identificados.




Velocidad y forma de desplazamiento

 Una de las aportaciones más fascinantes de las huellas fósiles es la posibilidad de reconstruir cómo se movían los animales extinguidos. Midiendo la distancia entre pisadas consecutivas (longitud de zancada) y relacionándola con el tamaño estimado del animal, los paleontólogos pueden calcular su velocidad aproximada.

Gracias a este método sabemos que:

-Algunos dinosaurios podían caminar tranquilamente en grupo

-Otros eran capaces de correr a velocidades sorprendentes

-Existían cambios de ritmo que sugieren persecuciones o huidas

Incluso se han identificado cojeras y lesiones antiguas, lo que aporta información sobre la salud y longevidad de individuos concretos.

 Comportamiento social y vida en grupo

 Las huellas petrificadas no solo hablan de individuos, sino también de dinámicas sociales. Yacimientos con múltiples rastros paralelos y de tamaños distintos indican que ciertas especies se desplazaban en manadas, posiblemente organizadas por edades.

Algunos ejemplos clave incluyen:

-Grupos de dinosaurios juveniles viajando juntos

-Adultos rodeando a crías, lo que sugiere comportamiento protector

-Rutas migratorias repetidas a lo largo del tiempo

Estos descubrimientos refuerzan la idea de que muchos animales prehistóricos tenían conductas sociales complejas, comparables a las de aves y mamíferos actuales.


Huellas de una manada de dinosaurios saurópodos en el yacimiento de Soto 2, Soto de Cameros, La Rioja. Ignacio Díaz Martínez.

Interacciones con el entorno y otros animales.

 Las huellas fósiles también revelan cómo los animales interactuaban con su ecosistema. Pisadas junto a marcas de arrastre de cola, señales de descanso o huellas superpuestas permiten reconstruir escenas completas del pasado.

En algunos yacimientos se han encontrado:

-Rastros de depredadores siguiendo a presas

-Huellas que terminan abruptamente, posiblemente por ataques

-Pisadas en antiguos márgenes de lagos, ríos o zonas costeras

Estas evidencias ayudan a comprender hábitats desaparecidos y cómo los animales se adaptaban a ellos.




Por qué las huellas son clave para entender la evolución

 Mientras que los huesos nos dicen cómo eran los animales, las huellas nos dicen cómo vivían. Son una prueba directa de comportamiento, algo extremadamente difícil de inferir solo a partir del esqueleto.

Hoy, gracias a técnicas como el escaneo 3D, la fotogrametría y la inteligencia artificial, el estudio de huellas fósiles está entrando en una nueva era. Cada nueva pisada descubierta añade una pieza más al complejo rompecabezas de la historia de la vida en la Tierra.

jueves, 11 de septiembre de 2025

CIENTÍFICOS DESCRIBEN UNA NUEVA ESPECIE DE TOTUGA CRASPEDOCHELYS, BASANBDOSE EN UN CAPARAZÓN FÓSIL Y ALGUNOS HUESOS POSCRANEALES HALLADOS EN COLOMBIA.

 Craspedochelys renzi vivió durante la era Hauteriviana del Cretácico Temprano, hace entre 132 y 125 millones de años.

La especie antigua era un tipo de talasoquelidio, un grupo de tortugas adaptadas al mar de los períodos Jurásico y Cretácico.

“A lo largo de su evolución, varios grupos de tortugas no relacionados han desarrollado adaptaciones para vivir en ambientes marinos y litorales”, dijo el Dr. Edwin-Alberto Cadena, paleontólogo de la Universidad del Rosario, el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y el Museo Field de Historia Natural, y sus colegas.


Reconstrucción artística de Craspedochelys renzi y el ecosistema marino somero donde habitaba; las extremidades anteriores, con forma de aleta, se basan en el talasoquelídio más completo conocido hasta la fecha, Thalassemys bruntrutana . Crédito de la imagen: Juan Giraldo.

Craspedochelys renzi vivió durante la era Hauteriviana del Cretácico Temprano, hace entre 132 y 125 millones de años.

La especie antigua era un tipo de talasoquelidio, un grupo de tortugas adaptadas al mar de los períodos Jurásico y Cretácico.

“A lo largo de su evolución, varios grupos de tortugas no relacionados han desarrollado adaptaciones para vivir en ambientes marinos y litorales”, dijo el Dr. Edwin-Alberto Cadena, paleontólogo de la Universidad del Rosario, el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y el Museo Field de Historia Natural, y sus colegas.

“Uno de estos grupos se denomina Thalassochelydia, formado tradicionalmente por tres familias jurásicas: Eurysternidae, Plesiochelyidae y Thalasemydidae, con relaciones filogenéticas no resueltas y controvertidas”.

“De las tres familias que constituyen los talasoquelídios, 'Plesiochelyidae' es una de las más diversas, incluyendo al menos diez especies en cuatro géneros diferentes: Craspedochelys , Plesiochelys , Portlandemys y Tropidemys ”.

“Las conchas de los 'plesioquélidos' se pueden distinguir de otros talasoquelídios por exhibir grandes tamaños (longitud del caparazón de 40-55 cm), la ausencia de fontanelas carapaciales en los adultos, un puente óseo y, como máximo, una fontanela plastral central”.



Craspedochelys renzi representado por una concha articulada con algunos huesos postcraneales. Crédito de la imagen: Cadena et al ., doi: 10.1186/s13358-025-00394-1.

El espécimen fósil de Craspedochelys renzi fue descubierto inicialmente por el geólogo suizo Otto Renz durante una expedición de campo a la región de Cuña de Cuiza, departamento de la Guajira de Colombia en la década de 1950.

El espécimen incluía un caparazón parcial (25,5 cm de largo y 23,1 cm de ancho), huesos de las extremidades traseras y vértebras caudales.

Posteriormente fue depositado en las colecciones paleontológicas del Museo de Historia Natural de Basilea, Suiza, donde permaneció olvidado durante más de 60 años en los gabinetes de colecciones de invertebrados fósiles.

“La evidencia geológica vincula el espécimen con la Formación Moina, un depósito marino poco profundo del Hauteriviano”, dijeron los paleontólogos.

El fósil representa el registro más joven conocido hasta ahora para talasoquelídios en todo el mundo, del Hauteriviano, y el segundo registro del grupo fuera de Europa.



"El descubrimiento de Craspedochelys renzi representa una contribución significativa a la comprensión de las tortugas talasoquelídidas, particularmente de las 'plesioquélidas', extendiendo su distribución geográfica al norte de Gondwana y su distribución temporal hasta el Hauteriviano", dijeron los investigadores.

“Este hallazgo subraya la importancia de reevaluar las colecciones históricas y destaca el potencial de futuros descubrimientos en regiones poco exploradas como el norte de Sudamérica”.

“La presencia de Craspedochelys renzi en la Formación Moina enfatiza aún más la compleja historia paleobiogeográfica de las tortugas costeras y marinas durante el Cretácico Temprano”.

“También ofrece nuevos conocimientos sobre la dinámica evolutiva de Thalassochelydia y las relaciones filogenéticas aún controvertidas e inestables dentro del grupo, cuestiones que justifican una investigación más profunda en futuros estudios”.

El descubrimiento de Craspedochelys renzi se informa en un artículo en el Swiss Journal of Palaeontology .

jueves, 28 de agosto de 2025

PALEONTOLOGOS DESCRIBEN UNA NUEVA ESPECIE DE TARRO BLANCO QUE HABITÓ LAS ISLAS CHATHAM HACE 390 MIL AÑOS.

 La nueva especie, denominada tarro blanco de Rēkohu ( Tadorna rekohu ), habitaba las islas Chatham, un archipiélago aislado a 785 km al este de Nueva Zelanda continental.

"Este archipiélago comprende la isla principal, Chatham, así como Rangihaute Pitt, Maung' Re Mangere, Tapuaenuku Little Mangere, las islas Hokorereoro Sudeste y varios islotes", dijeron el Dr. Nic Rawlence de la Universidad de Otago y sus colegas.

“Las islas quedaron completamente sumergidas desde finales del Mioceno hasta principios del Plioceno”.

“La actividad tectónica posterior provocó que el archipiélago insular resurgiera hace menos de 3 millones de años”.


Reconstrucción artística de una hembra de tarro blanco de Rekohu ( Tadorna rekohu ) que muestra el plumaje más oscuro, común en aves aisladas en islas. Crédito de la imagen: Sasha Votyakova / Te Papa.

Según el equipo, los ancestros del tarro blanco de Rēkohu llegaron a las islas Chatham hace unos 390.000 años durante el Pleistoceno tardío.

“Si bien puede parecer un período corto, es lo suficientemente largo como para afectar a la especie”, afirmó el Dr. Rawlence.

“En esa época, el tarro blanco de Rēkohu desarrolló alas más cortas y robustas y huesos en las patas más largos, lo que indicaba que estaba en vías de perder el vuelo”.

“Estos cambios se debieron a una serie de factores, como la abundancia de alimentos, la falta de depredadores terrestres y el viento, por lo que volar no era la opción preferida”.

“En caso de usarlo o perderlo, las alas comienzan a reducirse”, dijo la Dra. Pascale Lubbe, también de la Universidad de Otago .





“Viajar es energéticamente costoso, así que si no necesitas volar, ¿para qué molestarte?”

“Los huesos más largos de las patas son más robustos para sostener más músculos y crear mayor fuerza para el despegue, algo necesario cuando tienes alas más pequeñas”.

Los investigadores utilizaron ADN antiguo y analizaron la forma de los huesos para determinar que el tarro blanco de Rēkohu está más estrechamente relacionado con el tarro blanco del paraíso de Pūtangitangi ( Tadorna variegate ) de Nueva Zelanda.

El tarro blanco de Rēkohu pasaba más tiempo en el suelo que su primo y se extinguió antes del siglo XIX.

"La presencia de huesos de tarro blanco de Rēkohu en los primeros depósitos de basurales de Moriori sugiere que su extinción se debió a la caza excesiva antes del posterior asentamiento europeo y maorí de las islas en el siglo XIX", dijeron los científicos.

Su artículo fue publicado en la edición de julio de 2025 del Zoological Journal of the Linnean Society .