lunes, 23 de febrero de 2026

PALEONTÓLOGOS IDENTICAN LOS RESTOS, DEL COCODRILO GALGO, UN REPTIL PREHISTÓRICO QUE CORRÍA CON RAPIDEZ HACE 225 MILLONES DE AÑOS EN INGLATERRA.

 Hace más de doscientos millones de años, en lo que hoy es el suroeste de Inglaterra, un pequeño depredador recorría con agilidad las tierras secas, lejos de los pantanos y ríos donde hoy asociamos a los cocodrilos. El hallazgo y estudio de sus restos han permitido a la ciencia identificar una nueva especie de reptil terrestre del Triásico, Galahadosuchus jonesi, que desafía la imagen tradicional de los cocodrilos. Así lo informaron investigadores británicos en un trabajo publicado en The Anatomical Record.


Nuevo hallazgo paleontológico describe un reptil terrestre del Triásico en el suroeste de Inglaterra (The Anatomical Record).

El fósil de Galahadosuchus jonesi fue recuperado en 1969 en la cantera de Cromhall, condado de Gloucestershire, pero permaneció décadas sin ser correctamente clasificado. Este animal ha sido apodado el “cocodrilo galgo” por su constitución ligera, sus patas largas y su capacidad para correr en tierra firme. Su identificación como una especie diferente se logró tras un análisis anatómico minucioso y el uso de nuevas tecnologías, como escaneos por tomografía computarizada.

El nombre del género, Galahadosuchus, hace referencia al caballero de la leyenda artúrica, en alusión a la postura erguida del animal, mientras que el epíteto jonesi rinde homenaje a David Rhys Jones, un profesor galés que inspiró a uno de los autores del estudio. “El primer capítulo de mi tesis es nombrar una nueva especie de cocodrilo fósil, y la estoy nombrando por usted”, contó Ewan Bodenham, paleontólogo principal.

Investigadores británicos identificaron una nueva especie fósil, Galahadosuchus jonesi (The Anatomical Record).

El Triásico tardío fue un periodo de intensos cambios, cercano a una de las mayores extinciones masivas de la historia de la Tierra. En esa época, el área del canal de Bristol era un paisaje árido y elevado, muy diferente del actual. Los depósitos fósiles se formaron en grietas de piedra caliza, conocidas como “fissure deposits”, que atraparon restos de una fauna diversa. “Las fisuras del Triásico tardío–Jurásico temprano del área del canal de Bristol (suroeste de Inglaterra y sur de Gales) son reconocidas por sus diversas faunas de vertebrados”, resumió el artículo científico.

En estos yacimientos han aparecido dinosaurios primitivos, reptiles planeadores, pequeños mamíferos y otros arcosaurios. Galahadosuchus convivió con especies como Thecodontosaurus y su pariente cercano Terrestrisuchus, pero presentaba diferencias clave que justifican su estatus de género y especie propia.

El esqueleto analizado incluye vértebras, costillas, partes de las extremidades y placas óseas llamadas osteodermos. La comparación con otros fósiles y un análisis evolutivo de casi 40 especies permitieron identificar 13 características anatómicas únicas. Entre ellas destacan las proporciones de los huesos del antebrazo, la forma del fémur y la estructura de la muñeca y el tobillo.

“Mi proyecto de doctorado consiste en estudiar las relaciones evolutivas de estos primeros cocodrilos”, explicó el paleontólogo. Los resultados muestran que Galahadosuchus poseía una postura erguida y una locomoción eficiente sobre tierra firme.

(The Anatomical Record).

Varias características anatómicas indican que Galahadosuchus era un cuadrúpedo terrestre altamente esbelto y cursorial, con postura erguida. La robustez y longitud de sus huesos, junto a la disposición de las extremidades bajo el cuerpo, confirman que este animal estaba adaptado para desplazarse rápidamente en busca de presas pequeñas.

Galahadosuchus pertenece al grupo de los Saltoposuchidae, un clado de cocodrilomorfos primitivos que ya mostraba una diversidad ecológica considerable. Hasta ahora, se pensaba que estos reptiles eran bastante homogéneos, pero la diferencia en la estructura de las extremidades y los carpos sugiere que incluso entre especies cercanas existían especializaciones distintas para la locomoción.


La presencia de este “reptil galgo” junto a otros depredadores terrestres muestra que, antes de la gran extinción que marcó el final del Triásico, los antepasados de los cocodrilos modernos ya experimentaban con formas y estilos de vida muy variados. Estos animales eran altamente gráciles, pequeños y construidos para el sprint, más cerca del tamaño de un gato que de un cocodrilo actual.

A diferencia de los actuales cocodrilos, adaptados al acecho acuático, sus ancestros incluían depredadores ágiles que recorrían paisajes áridos. El descubrimiento de Galahadosuchus jonesi amplía la imagen de los cocodrilos como grupo y recuerda la importancia de revisar fósiles olvidados en colecciones. El espécimen permaneció en una colección durante décadas antes de que un reanálisis cuidadoso y técnicas modernas de imagen revelaran que era algo completamente nuevo.

Las investigaciones en yacimientos como el de Cromhall continúan aportando pistas sobre la evolución de los grandes grupos de reptiles y sobre la vida en la Tierra antes de que los dinosaurios dominaran el planeta.

sábado, 21 de febrero de 2026

CIENTÍFICOS DESCRIBEN EL ESQUELETO MÁS ANTIGUO Y MAS COMPLETO CONOCIDO HASTA AHORA DE HOMO HABILIS.

 Un equipo internacional participado por investigadores catalanes ha descrito el esqueleto más antiguo y más completo conocido hasta ahora de Homo habilis, con una antigüedad de más de dos millones de años y que se encuentra en muy buen estado de conservación. El fósil procede de East Turkana, en el norte de Kenia, y se considera la mejor evidencia postcraneal conseguida de Homo habilis, una especie humana extinta (un hominino) que probablemente fue ancestro del Homo erectus.

En el hallazgo, que ha sido publicado en The Anatomical Record, han participado varias instituciones, entre ellas el Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (IPC-CERCA), según ha informado este martes el organismo en un comunicado. El descubrimiento aporta "evidencias clave" para comprender la biología y la evolución de los primeros humanos.


La dentición mandibular y los elementos postcraneales que constituyen KNM-ER 64060 y KNM-ER 64061, respectivamente. / Adaptado de Grine, F. E. et al.

El nuevo esqueleto de Homo habilis descrito (KNM-ER 64061) está datado entre 2,02 y 2,06 millones de años e incluye ambas clavículas, fragmentos de escápula (omóplatos), ambos huesos del brazo (húmeros), ambos huesos del antebrazo (radios y cúbitos), fragmentos de la pelvis (huesos coxales) y parte del sacro. Esta agrupación de huesos está asociado además a un conjunto casi completo de dientes mandibulares, por lo que se han asignado todos los huesos a un mismo individuo.

Los coautores Bill Jungers y Meave Leakey examinando los restos de KNM-ER 64061 en el Turkana Basin Institute en 2014. / Ashley S. Hammond.

Antes de este descubrimiento, solo se había identificado un pequeño número de individuos de Homo habilis en los que los huesos estuvieran claramente asociados a restos dentarios diagnósticos. Los análisis de KNM-ER 64061 indican que muchos detalles de la anatomía de las extremidades se parecen a los de Homo erectus y a especies posteriores del género Homo.

No obstante, el Homo habilis analizado era un ejemplar más bajo, menos robusto y con brazos más largos y fuertes. En concreto, este individuo medía aproximadamente 160 centímetros de altura y pesaba entre 30,7 y 32,7 kilos.



viernes, 6 de febrero de 2026

LA ICNOLOGÍA , LA RAMA DE LA PALEONTOLOGÍA QUE ESTUDIA LAS HUELLAS DE ANIMALES PREHISTÓRICOS.

 Cuando pensamos en animales extinguidos, la imagen que suele venir a la mente es la de un esqueleto montado en un museo. Sin embargo, algunos de los testimonios más valiosos de la vida prehistórica no son huesos, sino huellas fosilizadas: pisadas conservadas en roca que actúan como instantáneas del comportamiento animal hace millones de años.

La icnología, la rama de la paleontología que estudia estas huellas, ha revolucionado nuestro conocimiento sobre la morfología, locomoción y conducta de especies desaparecidas, desde dinosaurios hasta mamíferos primitivos. A diferencia de los fósiles óseos, las huellas nos hablan de animales vivos, en movimiento y en interacción con su entorno.



Qué son las huellas petrificadas y cómo se forman

 Las huellas petrificadas, o icnofósiles, se originan cuando un animal pisa un sustrato blando —barro, arena húmeda o ceniza volcánica— que posteriormente se endurece y queda enterrado por nuevos sedimentos. Con el paso de millones de años, estos sedimentos se litifican y conservan la marca original.

Para que una huella se preserve, deben coincidir condiciones muy específicas: humedad adecuada, rápida cobertura y ausencia de erosión. Por eso, cada rastro fósil es un hallazgo excepcional.

Morfología: mucho más que la forma del pie

 El tamaño, la profundidad y la geometría de una huella permiten a los científicos inferir la anatomía del animal que la produjo, incluso cuando no se ha encontrado ningún hueso asociado.

A partir de una pisada, los investigadores pueden estimar:

-Tamaño y masa corporal del animal

-Longitud de las extremidades

-Postura (bípedo o cuadrúpedo)

-Distribución del peso al caminar

Por ejemplo, huellas tridáctilas bien definidas indican dinosaurios terópodos carnívoros, mientras que pisadas redondeadas y profundas suelen asociarse a grandes saurópodos herbívoros. En algunos casos, las huellas han revelado especies desconocidas que aún no cuentan con restos óseos identificados.




Velocidad y forma de desplazamiento

 Una de las aportaciones más fascinantes de las huellas fósiles es la posibilidad de reconstruir cómo se movían los animales extinguidos. Midiendo la distancia entre pisadas consecutivas (longitud de zancada) y relacionándola con el tamaño estimado del animal, los paleontólogos pueden calcular su velocidad aproximada.

Gracias a este método sabemos que:

-Algunos dinosaurios podían caminar tranquilamente en grupo

-Otros eran capaces de correr a velocidades sorprendentes

-Existían cambios de ritmo que sugieren persecuciones o huidas

Incluso se han identificado cojeras y lesiones antiguas, lo que aporta información sobre la salud y longevidad de individuos concretos.

 Comportamiento social y vida en grupo

 Las huellas petrificadas no solo hablan de individuos, sino también de dinámicas sociales. Yacimientos con múltiples rastros paralelos y de tamaños distintos indican que ciertas especies se desplazaban en manadas, posiblemente organizadas por edades.

Algunos ejemplos clave incluyen:

-Grupos de dinosaurios juveniles viajando juntos

-Adultos rodeando a crías, lo que sugiere comportamiento protector

-Rutas migratorias repetidas a lo largo del tiempo

Estos descubrimientos refuerzan la idea de que muchos animales prehistóricos tenían conductas sociales complejas, comparables a las de aves y mamíferos actuales.


Huellas de una manada de dinosaurios saurópodos en el yacimiento de Soto 2, Soto de Cameros, La Rioja. Ignacio Díaz Martínez.

Interacciones con el entorno y otros animales.

 Las huellas fósiles también revelan cómo los animales interactuaban con su ecosistema. Pisadas junto a marcas de arrastre de cola, señales de descanso o huellas superpuestas permiten reconstruir escenas completas del pasado.

En algunos yacimientos se han encontrado:

-Rastros de depredadores siguiendo a presas

-Huellas que terminan abruptamente, posiblemente por ataques

-Pisadas en antiguos márgenes de lagos, ríos o zonas costeras

Estas evidencias ayudan a comprender hábitats desaparecidos y cómo los animales se adaptaban a ellos.




Por qué las huellas son clave para entender la evolución

 Mientras que los huesos nos dicen cómo eran los animales, las huellas nos dicen cómo vivían. Son una prueba directa de comportamiento, algo extremadamente difícil de inferir solo a partir del esqueleto.

Hoy, gracias a técnicas como el escaneo 3D, la fotogrametría y la inteligencia artificial, el estudio de huellas fósiles está entrando en una nueva era. Cada nueva pisada descubierta añade una pieza más al complejo rompecabezas de la historia de la vida en la Tierra.