jueves, 9 de noviembre de 2023

CIENTÍFICOS DECUBREN FÓSILES DE ALGAS ROJAS DE 1.600 AÑOS DE ANTIGUEDAD EN LA INDIA.

 Este hallazgo indica que la vida multicelular avanzada evolucionó mucho antes de lo que se pensaba.



Un equipo de científicos descubrió dos tipos de fósiles parecidos a algas rojas en rocas sedimentarias bien conservadas en Chitrakoot (India central). Las presuntas algas rojas estaban incrustadas en esteras fósiles de cianobacterias, llamadas estromatolitos, de 1.600 millones de años.

Unas eran como un hilo y las otras pertenecían a una colonia carnosa. Las primeras en ser descubiertas fueron las de forma de hilo y posteriormente, al analizar los estromatolitos, la estudiante de doctorado Therese Sallstedt encontró estructuras más complejas y carnosas. "¡Me emocioné tanto que tuve que caminar tres veces por el edificio antes de ir a decirle a mi supervisor lo que había visto!", exclama la investigadora del Museo Sueco de Historia Natural, institución que lidera el estudio.



Las primeras huellas de la vida en la Tierra tienen al menos 3.500 millones de años de antigüedad. Se trata de organismos unicelulares que, a diferencia de los eucariotas, carecen de núcleos y otros orgánulos. Los parientes más cercanos al grupo que conduce a las plantas son eucariotas unicelulares del supergrupo denominado SAR (un clado de Eukarya que incluye a Stramenopiles, Alveolata y Rhizaria). Los cloroplastos de plantas derivan de cianobacterias endosimbióticas, que habitan dentro de otro organismo.

“La multicelularidad ha evolucionado muchas veces en la historia de la vida en diferentes linajes. Se han encontrado grandes fósiles multicelulares macroscópicos (visibles a simple vista) en el registro de rocas de hace 2.100 millones de años, pero de analogía desconocida. Los nuevos hallazgos son los más antiguos que podemos, con cierta confianza, relacionar con los grupos vivos de eucariotas multicelulares”, declara a SINC Stefan Bengtson, profesor de paleozoología en el Museo Sueco de Historia Natural.



Los investigadores fueron capaces de observar en estos restos fósiles distintas estructuras celulares internas, así como un haz de filamentos característicos de las algas rojas.

“Datamos estas algas en 1.600 millones de años por la radiocronometría de las rocas, midiendo los productos de descomposición de elementos o isótopos radiactivos con ratios previamente conocidos”, añade el experto. Sin embargo, los científicos explican que no se puede estar cien por cien seguro de esta antigüedad, ya que no hay ADN, “pero encajan bastante bien con la morfología y la estructura de las algas rojas”, señalan.



Las algas rojas más antiguas conocidas hasta este descubrimiento tienen 1.200 millones de años. Estos fósiles indios, 400 millones de años anteriores y los más antiguos semejantes a plantas que se han encontrado, sugieren que las primeras ramas del árbol de la vida necesitan ser recalibradas. “Tal vez no totalmente, si se refiere a la topología del árbol. Pero este hallazgo puede cambiar drásticamente el momento de las primeras ramas del árbol de la vida”, enfatiza Bengtson.


Según los investigadores, el Fanerozoico o ‘tiempo de vida visible’ –que corresponde a los últimos 542 millones de años de la historia de la Tierra– “parece haber comenzado mucho antes de lo que pensábamos", dice el científico.

“Ahora encontramos más y más ejemplos de fósiles ‘visibles’ en rocas más antiguas, pero la principal distinción está confirmada: las rocas fósiles son mucho más escasas en escalas geológicas anteriores, como el Proterozoico y el Arqueano, que en el Fanerozoico”, concluye.

viernes, 20 de octubre de 2023

DESCUBREN EN CHINA EXCEPCIONALES FÓSILES DE DINOSAURIOS QUE DATAN DE HACE 130 MILLONES DE AÑOS.

 Un equipo de paleontólogos descubrió dos “excepcionales” fósiles de dinosaurios, que datan de hace unos 130 millones de años, en la provincia china de Hebei, en el norte del país asiático.

Ambos fósiles pertenecen a dinosaurios herbívoros y fueron desenterrados en las cercanías de la ciudad de Chengde, informó hoy la agencia de noticias Xinhua.



Uno de los hallazgos es un ceratosaurio primitivo con el que se llena un vacío en la comprensión de la evolución de esta especie.

El otro fósil pertenece a un estegosaurio y muestra una preservación casi perfecta de su esqueleto y piel.

Este último, que mide aproximadamente 5 metros de largo, destaca debido a las espinas de cola óseas y la piel fosilizada que se encuentra en un estado sorprendentemente intacto.


La conservación de la piel es un hallazgo extremadamente raro y valioso para la investigación paleontológica, ya que proporciona información sin precedentes sobre la apariencia y la estructura de estos antiguos gigantes.

"El fósil de piel de dinosaurio es excepcionalmente raro. Los huesos y dientes de los dinosaurios se convirtieron en fósiles con relativa facilidad, lo que hace que los fósiles de piel de dinosaurio bien conservados sean una rareza", declaró a Xinhua Guo Ying, profesor del Instituto de Geología y Paleontología de la Universidad de Linyi.

Los científicos creen que estos hallazgos arrojarán luz sobre la ecología y la biología de estos dinosaurios para comprender mejor cómo vivían y se adaptaban a su entorno hace millones de años.


jueves, 7 de septiembre de 2023

DESCUBRE EN CHINA EL FÓSIL DE UN DINOSARUIO SENTADO EN SU NIDO DE HUEVOS.

 El raro ejemplar data de, al menos, 70 millones de años atrás y fue recuperado de rocas del Cretácico superior descubiertas en China.




Paleontólogos recuperaron en el sur de China restos del primer espécimen de dinosaurio del mundo que fue encontrado sentado en un nido de huevos con bebés fosilizados.

El fósil en cuestión es el de un ovirraptorsaurio, un grupo de dinosaurios terópodos parecidos a aves que prosperaron durante el Período Cretácico, el tercer y último período de la Era Mesozoica (comúnmente conocida como la “Edad de los Dinosaurios”) que se extendió desde 145 a hace 66 millones de años.

El nuevo espécimen fue recuperado de rocas del Cretácico superior, de unos 70 millones de años, en la ciudad de Ganzhou, en la provincia de Jiangxi.




“Los dinosaurios conservados en sus nidos son raros, al igual que los embriones fósiles. Esta es la primera vez que se encuentra un dinosaurio no aviar, sentado en un nido de huevos que preservan embriones, en un único espécimen espectacular”, explicó el doctor Shundong Bi, de la Universidad de Yunnan y primer autor, citado por Science China Press.

El fósil consiste en un esqueleto incompleto de un ovirraptor grande, presumiblemente adulto, agachado en una postura de incubación de pájaro sobre una nidada de al menos 24 huevos. Al menos siete de estos huevos conservan huesos o esqueletos parciales de embriones oviraptóridos sin eclosionar en su interior.




La etapa tardía del desarrollo de los embriones y la proximidad del adulto a los huevos sugiere fuertemente que este último murió en el acto de incubar su nido, como sus primos pájaros modernos, en lugar de poner sus huevos o simplemente proteger su nido de estilo cocodrilo, como a veces se propuso para los otros pocos esqueletos de oviraptóridos que se encontraron encima de los nidos.

“Este tipo de descubrimiento, en esencia el comportamiento fosilizado, es el más raro de los raros en los dinosaurios”, explicó el coautor Matthew C. Lamanna, del Museo de Historia Natural de Pittsburg.


El equipo también llevó a cabo análisis de isótopos de oxígeno que indican que los huevos se incubaron a altas temperaturas similares a las de los pájaros, lo que agrega más apoyo a la hipótesis de que el adulto murió en el acto de criar su nido.

Además, aunque todos los embriones estaban bien desarrollados, algunos parecen haber sido más maduros que otros, lo que a su vez sugiere que los huevos en el mismo nido podrían haber eclosionado en momentos ligeramente diferentes. Esta característica, conocida como eclosión asincrónica, parece haber evolucionado de forma independiente en los oviraptóridos y algunas aves modernas.

Otro aspecto interesante del nuevo espécimen oviraptórido es que el adulto conserva un grupo de guijarros en su región abdominal. Es casi seguro que se trata de gastrolitos, o “piedras del estómago”, rocas que se habrían tragado deliberadamente para ayudar al dinosaurio a digerir su comida.

Esta es la primera vez que se encontraron indudables gastrolitos en un oviraptórido y, como tales, estas piedras pueden proporcionar nuevos conocimientos sobre las dietas de estos animales.


miércoles, 2 de agosto de 2023

ORÍGEN Y DESAPARICIÓN DE LOS DINOSAURIOS.

 Todos los continentes durante el período Triásico eran parte de una sola masa de tierra llamada Pangea. Al ser una única masa terrestre, las diferencias entre los distintos animales y plantas eran mucho menos evidentes que en la actualidad. Por otra parte, el clima era relativamente cálido y seco, y muchas áreas de Pangea eran grandes desiertos.


Este entorno fundamentalmente cálido –de hecho, no existían los actuales casquetes polares– fue propicio para la evolución de las primeras especies de dinosaurios. Los reptiles tienden a prosperar en climas cálidos porque su piel es menos porosa que, por ejemplo, la piel de los mamíferos. Entre sus adaptaciones ambientales, los riñones de los reptiles pueden conservar el agua durante más tiempo.

La gran mayoría de los dinosaurios aparecieron a finales del Período Triásico, momento en el que Pangea se dividiría en dos debido a una serie de terremotos y erupciones volcánicas. Entre ellos destacan los terópodos y los prosaurópodos. Con el paso del tiempo, los dinosaurios comenzaron a colonizar la tierra, debido a la ausencia de competencia y con nichos ecológicos vacíos. Entre los dinosaurios más comunes del Triásico están el Lystrosaurus, el Cynognathus, el Ornithosuchus, el Herrerasaurus y el Plateosaurus.


Período Jurásico (201-145 millones de años a.C.)

A finales del periodo Triásico se produjo una desaparición de especies masiva, pero ésta no afectó a los dinosaurios. Aunque las causas son objeto de gran debate la comunidad científica, se sabe que los dinosaurios sobrevivieron. Debido a la proliferación de zonas de vegetación en este período, los dinosaurios pudieron evolucionar y aumentar en población.

Pangea quedó dividida en dos creando Laurasia en el norte y Gondwana en el sur. A pesar de esta separación, las similitudes en los registros fósiles de los dinosaurios muestran que hubo algunas conexiones terrestres entre los dos continentes a principios del Jurásico.


El clima cambió ya que bajaron las temperaturas ligeramente. Las menores temperaturas fueron acompañadas de grandes precipitaciones, que aumentaron debido a los grandes mares que aparecieron entre las masas de tierra. Estos cambios climáticos provocaron la proliferación de plantas como helechos, que se convirtieron las actuales fuentes de combustibles fósiles.

Los dinosaurios del Período Jurásico más importantes fueron el Apatosaurus, el Diplodocus y el Brachiosaurus. Se trata de algunos de los animales más grandes que han recorrido la faz de la Tierra.




Período Cretácico (145-66 millones de años)

Es el período geológico en el que se produjo la desaparición de los dinosaurios y otras muchas especies de fauna y flora. En el período Cretácico, la Tierra se volvió a dividir hasta formar los continentes que conocemos hoy, aunque en diferentes posiciones. De esta forma, los dinosaurios evolucionaron de forma independiente en diferentes partes del mundo, volviéndose más diversos.

Fue a mediados del Cretácico cuando se formaron aproximadamente el 50 % de las reservas mundiales de petróleo que se conocen hoy en día. De ellas, las principales se encuentran en los alrededores del golfo Pérsico y en la región entre el golfo de México y la costa de Venezuela.

Algunos de los dinosaurios más conocidos de este período son el Protoceratops, el Triceratops, el Pachycephalosaurus, el Baryonyx, el Tyrannosaurus o el Velociraptor.

La evolución de los dinosaurios termina en este período geológico. Al finalizar el período Cretácico la mayoría de la fauna, tanto terrestre como marina, incluyendo todas las especies de dinosaurios, sufrió la desaparición masiva.


La desaparición de los dinosaurios.

Los últimos dinosaurios murieron hace aproximadamente 65 millones de años. Aunque la causa de su extinción sigue siendo un misterio, el cambio climático, las enfermedades, las comunidades vegetales cambiantes y los eventos geológicos podrían haber influido en la desaparición de los dinosaurios.

Las teorías sobre la desaparición de los dinosaurios han sido objeto de mucho debate y controversia. Sin embargo, hay una que ha ganado mayor reconocimiento de la comunidad paleontológica. Se trata de la teoría que establece que la desaparición de los dinosaurios fue provocada por un enorme meteorito que se estrelló contra la Tierra cerca del Golfo de México.

Este meteorito de grandes dimensiones levantó la cantidad de polvo y escombros suficiente para bloquear la luz solar durante mucho tiempo. Esto provocó una sucesión de eventos que tuvo efectos devastadores sobre muchas especies, que acabarían por extinguirse ante la falta de sol y luz.

lunes, 17 de julio de 2023

BALCANATOLIA, EL CONTINENTE OLVIDADO QUE EXISTIÓ HACE 40 MILLONES DE AÑOS.

 Un equipo de paleontólogos y geólogos ha descubierto la existencia de un continente olvidado que existió hace unos 40 millones de años y que han bautizado como Balcanatolia (Balkanatolia), que hoy abarca los actuales Balcanes y Anatolia.

Según los investigadores franceses, estadounidenses y turcos el continente, que albergaba una fauna exótica, podría haber "allanado el camino" para que los mamíferos asiáticos colonizaran el sur de Europa hace 34 millones de años, según sugiere una nueva investigación publicada en Earth Science Reviews.

Los autores del nuevo estudio sugieren que el descenso del nivel del mar permitió a los mamíferos asiáticos entrar en Balcanatolia y sustituir a la fauna local, antes de pasar a Europa occidental y provocar una extinción repentina, conocida como la Grande Coupure.


Esta dramática pérdida de fauna europea se produjo hace unos 34 millones de años, al final de la época del Eoceno. Sin embargo, fósiles encontrados en los Balcanes apuntan a la presencia de mamíferos asiáticos en el sur de Europa mucho antes de la Grande Coupure, lo que sugiere una colonización anterior.

los investigadores han logrado dar una explicación a esta paradoja: revisando descubrimientos paleontológicos anteriores, revelaron que, durante gran parte del Eoceno, la región correspondiente a los actuales Balcanes y Anatolia albergaba una fauna terrestre homogénea, pero distinta de las de Europa y Asia oriental. 


Lo que descubrieron sugiere que Balcanatolia sirvió de trampolín para que los animales pasaran de Asia a Europa occidental, y que la transformación de la antigua masa terrestre de continente independiente a puente terrestre –y la posterior invasión con mamíferos asiáticos– coincidió con algunos "cambios paleogeográficos dramáticos", según informó Science Alert.

Así, de acuerdo con el análisis, hace unos 50 millones de años, Balcanatolia era un archipiélago aislado, separado de los continentes vecinos, donde prosperaba una fauna exótica que incluía, por ejemplo,  marsupiales de afinidad sudamericana y Embrithopoda (grandes mamíferos herbívoros parecidos a los hipopótamos) que antes se encontraban en África.  


Después, una combinación de descenso del nivel del mar, crecimiento de las capas de hielo antártico y cambios tectónicos conectó el continente de los Balcanes con Europa occidental, hace entre 40 y 34 millones de años.

Esto permitió a los mamíferos asiáticos, incluidos los roedores y los mamíferos de cuatro patas (también conocidos como ungulados), aventurarse hacia el oeste e invadir Balcanatolia, según muestra el registro fósil.

En otras palabras, los investigadores sugieren que los grandes cambios geográficos ocurridos hace 40 y 34 millones de años permitieron a los ungulados y roedores asiáticos colonizar Europa en dos etapas. En la primera de ellas, se instalaron en la propia Balcanatolia, donde sustituyeron a gran parte de la fauna existente antes de continuar posteriormente su conquista del continente europeo, dando lugar a la Grande Coupure.

el equipo también descubrió un nuevo yacimiento de fósiles con afinidad "claramente" asiática –fragmentos de mandíbulas pertenecientes a Brontoterios, animales parecidos a grandes rinocerontes– en Turquía (Büyükteflek) que data de hace entre 38 y 35 millones de años.


El sitio de la excavación situado en Turquía (Büyükteflek) (Gentileza Alexis Licht, Grégoire Métais/ Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS))

Los fósiles descubiertos, los más antiguos descubiertos en Anatolia hasta ahora, son anteriores a la Gran Cúpula en al menos 1,5 millones de años, lo que sugiere que los mamíferos asiáticos estaban bien encaminados hacia Europa a través de Balcanatolia; una prueba más que permitió al equipo esbozar la historia de este tercer continente euroasiático, encajado entre Europa, África y Asia.

"Estos cambios paleogeográficos instigaron la desaparición de Balcanatolia como provincia biogeográfica diferenciada y allanaron el camino para la dispersión de los clados endémicos asiáticos antes y durante la Grande Coupure en Europa occidental", concluyen los autores.


viernes, 9 de junio de 2023

LOS FÓSILES VIVIENTES.

 Llevan millones de años en la Tierra, y apenas han cambiado desde entonces. Pertenecen a los grupos animales más diversos, pero tienen una cosa en común: en ellos la evolución logró una temprana perfección que no hizo necesarios nuevos cambios. Son fósiles vivientes: cucarachas, iguanas, cocodrilos, escualos, escorpiones, ornitorrincos, demonios de Tasmania, nautilus y los redescubiertos celacantos integran este grupo de nueve fantásticos.


De acuerdo con las normas dictadas por la naturaleza y siguiendo la más elemental de las leyes físicas (a toda acción se corresponde una reacción), los millones de especies de seres vivos han ido variando sus formas, dimensiones y comportamientos, plegándose a los caprichos ambientales. El fin de esta estrategia no es otro que perpetuar las especies. Gracias a estos mecanismos evolutivos, que se activaron en el momento en el que, hace unos 3.800 millones de años, comenzó la vida, hoy la Tierra está habitada.

A partir de entonces y de la mano de la selección natural, todas las especies han sufrido milenarios liftings que han estilizado o redondeado su tamaño, eliminando patas, agregando alas, cambiando branquias por pulmones, haciéndoles surgir miles de ojos o colocándoles la boca en la espalda; son conocidas estrategias de supervivencia. Con ellas, las especies se adaptan mejor al medio y sobreviven. Esto es así en todas, y además no puede detenerse.



Pero no ocurre en todos los casos. A veces, sucede un error en el camino evolutivo o una catástrofe imprevista. Entonces, determinados grupos terminan en el callejón de la extinción. Esto ya les ha sucedido a miles de seres irrepetibles y les sucederá a otros tantos. El caso más conocido aconteció hace 65 millones de años, cuando un gigantesco meteorito cayó sobre la Tierra acabando con dos terceras partes de la biodiversidad entonces viva. Entre otros, aquel cuerpo celeste se llevó por delante al linaje de los dinosaurios, los auténticos dueños del planeta en dicho momento. Es decir, los más fuertes y preparados de cuantos seres existían entonces. Hay otros seres como el celacanto (pez óseo) en los que los cambios parecen estancados. Son un puñado de animales que en uno de sus saltos evolutivos alcanzaron una perfección casi absoluta. Lo lograron hace miles o millones de años. Y ahí siguen, igual que en épocas tan pretéritas en las que no había ni aparecido el hombre. Hasta finales de 1998, se pensaba que sólo existía una mínima población de este pez óseo en las aguas que rodean las Comores, en el océano Índico (localizada en 1938). Antes de ello se creía que este dinopez se había extinguido hace 60 millones de años. pero el biólogo Mark Erdmann, de la Universidad californiana de Berkeley, detectó una nueva población en Indonesia, a 10.000 kilómetros de las Comores.




Los celacantos aparecieron hace 360 millones de años, durante el periodo Devónico, alcanzando su mayor diversidad 150 millones de años después, ya en el Triásico, tras lo cual empezaron un largo declive que se suponía acabó con la extinción de todos ellos. Los registros fósiles señalan que en aquellos periodos ya habían alcanzado formas similares a las actuales: dos aletas pectorales y dos pélvicas, imbricadas en una base carnosa. Es decir, estos grandes peces sufrieron un camino evolutivo como todas las especies hasta que, en determinado momento ocurrido hace millones de años, se detuvo, conservándose desde entonces sin variaciones. Los celacantos son, en realidad, auténticos fósiles vivientes. La iguana marina, pariente cercano de los saurios extinguidos hace 65 millones de años y mensajero de aquel periodo, es el más recurrente de los actuales fósiles vivientes. Este reptil se separó de sus grandes parientes hace más de 200 millones de años. En su encierro de las Galápagos, no necesitó nada más que ver transcurrir los siglos para llegar al tercer milenio.

Mucho antes de que lo hicieran las iguanas, y pasando por alto las medusas, esponjas, equinodermos y otros invertebrados afines, los moluscos ya navegaban por los mares. En el periodo Cámbrico surgieron unos seres cuyas formas elípticas simbolizan la perfección. Hace 600 millones de años, las conchas de los nautilus conquistaron los mares. Algunas de estas especies aún colonizan sin inconveniente los arrecifes de los océanos Índico y Pacífico.

Los insectos, también invertebrados, son veteranos pobladores de nuestro planeta. Entre los primeros en aparecer están las cucarachas, presentes hace más de 300 millones de años. Sus formas no han variado. Es indudable que con este género la evolución echó el resto en cuanto a capacidad de supervivencia se refiere.




No contenta con adaptarse a cuantos cambios sufrió desde entonces nuestro planeta, es una de las escasísimas especies a las que no parece afectar la guerra sin cuartel que el hombre ha declarado a la naturaleza. Es más, la cucaracha se aprovecha de nuestra especie y nos parasita. Hasta tal punto que fue el primer animal localizado, sin ningún daño aparente, tras la explosión nuclear de Mururoa. Aunque hablando de radiactividad, la cucaracha tiene un compadre que resulta igual de resistente. Se trata del escorpión, que surgió junto con otros arácnidos y ácaros hace 350 millones de años. Lo hizo exactamente igual que se conserva ahora y diversos tests han confirmado su inmunidad a la radiactividad.


Es en el agua, caldo de cultivo donde se originó la vida, el lugar donde más especies ancestrales se concentran; la razón no es otra que los escasos cambios que se han registrado hasta la fecha en las profundidades oceánicas. Entre los más abundantes están los peces cartilaginosos. Tiburones, mantas y rayas lograron anatomía y formas de vida en el lejano Devónico. Lo hicieron de una manera que, en el contexto de la historia de la vida, debe ser considerada como instantánea. Igual que el celacanto, estos peces ya eran como son ahora hace más de 350 millones de años.



Con el paso del tiempo surgieron nuevos grupos animales: reptiles, anfibios, aves y mamíferos. Auténticos advenedizos ante la veteranía de aquellos otros. Los últimos en llegar fueron los mamíferos. Los más primitivos lo hicieron a lo largo del Triásico, aproximadamente hace unos 200 millones de años. Pero de aquellas formas ninguna ha sobrevivido. El ornitorrinco, uno de los pocos mamíferos que conserva la capacidad de poner huevos, es de los más antiguos. Su registro ronda los 200 millones de años.

Al margen de la evolución y agarrados a las más diversas condiciones, estos fósiles vivientes son testigos inmutables de gran parte de la historia del planeta. Suspendidos en el tiempo, han navegado por las más variables eras y parecían indestructibles a los cambios. Así ha sido hasta la llegada del hombre. Ante nuestra presión, de nada les valen a celacantos y tiburones la perfección de sus formas logradas hace millones de años.


jueves, 25 de mayo de 2023

LOS TRILOBITES, LOS REYES DE LOS MARES DEL PALEOZOICO.


 Entre los animales surgidos en el transcurso de la explosión cámbrica se destaca un grupo de artrópodos que podemos tomar como emblema del Paleozoico: los trilobites. Después de su aparición hace unos 521Ma, se diversificaron rápidamente y colonizaron todos los océanos del planeta. Durante unos 29Ma (501-472Ma) dominaron ampliamente las faunas marinas, pero después su diversidad fue disminuyendo hasta que, finalmente, desaparecieron a fines del Pérmico, hace unos 252Ma, junto con el 90% de la vida, en la más grande extinción que afectó a la Tierra.




Durante sus casi 270Ma de historia evolutiva y con alrededor de veinte mil especies, los trilobites se adaptaron a vivir en todos los ambientes marinos, desde plataformas someras hasta aguas profundas. La mayoría se alimentaba de materia orgánica presente en los sedimentos del fondo; otros eran predadores y carroñeros, y unos pocos, filtradores. Estos últimos tenían la capacidad de separar las partículas alimenticias en suspensión mediante un sistema especializado análogo a un colador.



Con tamaños que variaban desde unos pocos milímetros hasta más de 70cm, podemos imaginarlos con antenas y ojos prominentes y, con la ayuda de sus patas articuladas, caminando sobre el lecho marino o nadando en la columna de agua a diferentes profundidades. Una armadura los protegía, su cutícula dorsal, rica en carbonato de calcio. Era un caparazón recorrido por dos surcos longitudinales que lo dividían en un lóbulo central y dos laterales, lo cual dio el nombre en latín al grupo: trilobita o con tres lóbulos.




Transversalmente, el cuerpo de los trilobites también se dividía en tres partes. En la región anterior, el escudo cefálico presentaba ojos que, con sus múltiples lentes, constituyeron el primer aparato visual complejo del reino animal. Ventralmente el céfalo exhibía un par de antenas y la boca, la última asociada con una placa dura cuya morfología y sostén se relacionaba con el tipo de dieta del animal. En la parte media, el tórax, compuesto por segmentos articulados entre sí, otorgaba flexibilidad a la armadura rígida y permitía a los trilobites moverse sobre obstáculos, girar e incluso enrollarse. Cada segmento se correspondía en la zona ventral con un par de patas asociadas con laminillas branquiales. El escudo posterior, llamado pigidio, estaba formado por unos pocos segmentos fusionados.


La mayoría de los trilobites tenía ojos compuestos con cientos e incluso miles de pequeñas lentes que funcionaban como cristalinos individuales y colaboraban para formar imágenes muy nítidas. La peculiaridad de su aparato visual es que cada lente era un prisma alargado de calcita diáfana, mineral con la particular propiedad de que permite a la luz pasar sin refractarse a lo largo de uno de sus ejes cristalográficos. Los trilobites vieron el mundo en mil fragmentos de luz con una paleta de prismas de cristal.

Por su abundancia y su utilidad para resolver diversos problemas geológicos, los trilobites fueron intensamente estudiados durante los últimos dos siglos. Sus restos son también piezas clave para reconstruir la evolución temprana de los demás invertebrados paleozoicos.




Evidencias encontradas en la década de 1880 en las cuevas borgoñonas de Arcy-sur-Cure, en el noroeste de Francia, una de las cuales se llamó precisamente la Grotte du Trilobite, indican que desde hace por lo menos 15.000 años los seres humanos conocemos los restos fósiles de trilobites y los utilizamos como adornos o amuletos. En 1698, el naturalista galés Edward Lhuyd (1660-1709) describió científicamente e ilustró el primer trilobite, al que consideró el esqueleto de un ‘pez plano’. Este hecho marca el comienzo de una nueva relación con estos fósiles, que pasaron a ser algo más que adornos, pues se convirtieron en objetos de estudio.