miércoles, 2 de noviembre de 2022

EL MUNDO DE LOS TRILOBITES.

Los trilobites son uno de los artrópodos más fascinantes y misteriosos que se conocen en la historia geológica del planeta. Dominaron los océanos durante unos 300 millones de años a lo largo de prácticamente todo el Paleozoico (Cámbrico-Pérmico), desarrollando una enorme diversidad de formas y modos de vida. 


Los trilobites,(Trilobita, del latín, "tres lóbulos") son una clase de artrópodos extintos, dentro del subfilo Trilobitomorpha. Son los fósiles más característicos del Paleozoico (antigua «era Primaria»). Se han descrito cerca de 22 000 especies.

Aparecieron en el período Cámbrico (al inicio del Paleozoico, hace unos 540 millones de años), cuando los organismos ediacáricos ya habían desaparecido, y empezaron a diversificarse ya en el Cámbrico inferior. Tras la extinción masiva de finales del Cámbrico solo sobrevivieron las formas que habitaban ambientes pelágicos, de aguas profundas.

Durante el Ordovícico alcanzaron su máxima diversidad y ocuparon casi todos los nichos ecológicos marinos. A partir del Silúrico presentaron pocos cambios, hasta que durante la extinción masiva del Devónico sufrieron una importante reducción con la extinción de todos los órdenes excepto Proetida. Durante el Carbonífero los representantes del grupo son escasos y restringidos a ambientes de arrecife. Los últimos trilobites, ya solo habitantes de aguas someras, desaparecieron durante la extinción masiva del Pérmico-Triásico, hace unos 250 millones de años, junto con los euriptéridos o «escorpiones marinos», blastoideos, algunas especies de peces, esponjas, equinodermos, etcétera. Por tanto, su presencia en la Tierra se prolongó durante todo el Paleozoico, casi 300 millones de años. Los restos fósiles de trilobites son tan abundantes y han sido tan profundamente estudiados, que probablemente sean el grupo de animales extintos más conocido.



Inicialmente se consideraron antepasados de los crustáceos (en especial la cochinilla de humedad terrestre, que comparte ciertas características en común) o incluso de todos los artrópodos (ya que fueron los primeros en aparecer en el registro fósil). Hoy se les considera como un grupo independiente, separados de los mandibulados y quelicerados.

Los trilobites tienen el cuerpo aplanado y liso, más o menos ovalado y dividido en tres tagmas, céfalon (cabeza), tórax y pigidio; el tórax y el pigidio forman el tronco. Presentan dos surcos longitudinales que dividen el cuerpo en tres lóbulos claramente delimitados (de donde deriva su nombre): uno central (llamado glabela en el céfalon y raquis en el tronco) y dos laterales (denominados genas o mejillas en el céfalon y pleuras en el tronco). El tegumento dorsal era una gruesa cutícula impregnada de carbonato cálcico que ha facilitado su fosilización. Su tamaño varía desde unos pocos milímetros a más de 60 cm en algunas especies gigantes.



El céfalon ("cabeza") es el resultado de la fusión total de diversos segmentos, y no muestra restos externos de metamerización. Las genas se prolongan por los lados y por detrás por dos puntas genales; las genas están divididas en dos partes por una sutura: una gena fija interna (fixigena) y una gena móvil externa (librigena). La estructura formada por la glabela y las fixigenas se denomina cranidio ("cranidium"). En la cara ventral se localiza el hipostoma, una placa suspendida bajo la glabela que protegía la boca.

Sobre las genas hay un par de grandes ojos compuestos sorprendentemente evolucionados (en algunas especies situados sobre pedúnculos), análogos a los de parientes actuales como los crustáceos e insectos. De hecho, los trilobites fueron los primeros animales en desarrollar ojos complejos, lo que probablemente influyó en su éxito evolutivo. En la parte ventral del céfalon se insertan las antenas unirrámeas, largas y multiarticuladas, y se abre la boca, tras la cual hay tres pares de patas muy similares entre sí. Las antenas son equivalentes, por su posición preoral, a las de los insectos y miriápodos y al primer par de los crustáceos.

La excepcional secuencia temporal registrada en los yacimientos cámbricos de Murero y la abundancia de fósiles de trilobites permitió, en el año 2003,​ identificar dimorfismo sexual en trilobites, en aquella fecha el caso más antiguo reconocido en el reino animal. Para ello se seleccionaron cuatro especies filogenéticamente próximas y de amplia distribución estratigráfica: Acadoparadoxides mureroensis, Eccaparadoxides rouvielli, E. sequeirosi y E. mediterraneus. En todos los casos se comprobó que se presentaban dos morfotipos diferentes para cada especie y que esta diferencia se mantenía a lo largo de la sucesión sedimentaria o, lo que es equivalente, en el tiempo.


Hembra (izquierda) y macho de Crotalocephalus.

Los rasgos que diferencian ambos morfotipos son diferentes para cada especie, pero incluyen tanto la longitud del pigidio, más corto en los machos, como variaciones en la longitud de algunos segmentos del tórax, presentando las hembras una zona más estrecha en el tórax, correspondiente a segmentos posteriores al segmento en el que probablemente se ubicaría el poro genital (el segundo segmento torácico, como en los xifosuros actuales).


Exclusivamente marinos, estaban totalmente ausentes de ambientes de agua dulce y salobre; por su forma aplanada, ojos en posición dorsal y dureza de la cara dorsal se deduce que la mayoría eran animales bentónicos. Seguramente eran micrófagos, filtrando el barro del fondo en que vivían para obtener el alimento, ya que carecían de apéndices excavadores o prénsiles, así como de piezas bucales trituradoras. Algunas especies se hicieron secundariamente pelágicas y desarrollaron expansiones espinosas para favorecer la flotabilidad. Estas espinas también estaban presentes en las larvas protaspis, que son, por tanto, consideradas formas pelágicas con un gran potencial colonizador.

La reducción y pérdida de los ojos experimentada por diversas especies está relacionada seguramente con una adaptación a la zona afótica y la colonización de aguas profundas.


lunes, 3 de octubre de 2022

DESCUBIERTOS LOS DINOSAURIOS MAS ANTIGUOS DE AFRICA.

 Un equipo internacional de paleontólogos ha descubierto en el norte de Zimbaue los fósiles de los dinosaurios más antiguos de África, entre ellos el esqueleto casi completo de una nueva especie de herbívoro de cuello largo de 1,8 metros de longitud y entre 10 y 30 kilos de peso. Estos animales vivieron a comienzos del Triásico, en la época Carniana, hace 230 millones de años. El hallazgo, publicado en 'Nature', sugiere que los primeros dinosaurios del planeta se limitaron a una región templada en el extremo sur del antiguo supercontinente de Pangea.



Los restos son, según los investigadores, un auténtico tesoro fósil. Recuperar dinosaurios tan antiguos es una auténtica rareza que, hasta ahora, solo se había conseguido en pocos lugares del mundo, principalmente en el norte de Argentina, el sur de Brasil y la India.
Los fósiles fueron encontrados durante el curso de dos excavaciones llevadas a cabo en 2017 y 2019. Entre ellos se incluía un dinosaurio herrerasaurio, parientes de mamíferos primitivos como los cinodontes, parientes de cocodrilos acorazados como los aetosaurios, y unos «reptiles arcaicos y extraños» llamados Rhynchosaurus.



El descubrimiento de Mbiresaurus ha llevado a los investigadores a proponer una nueva teoría sobre la migración de los dinosaurios. África, como todos los continentes, fue una vez parte del supercontinente llamado Pangea. Se cree que el clima en Pangea se dividió en fuertes cinturones latitudinales húmedos y áridos, con cinturones más templados que abarcan latitudes más altas y desiertos intensos en los trópicos inferiores. Los científicos creían anteriormente que estos cinturones climáticos influían y restringían la distribución de animales en Pangea.
«Debido a que los dinosaurios se dispersaron inicialmente bajo este patrón climático, la dispersión temprana de los dinosaurios debería haber sido controlada por la latitud», señala Griffin. «Los dinosaurios más antiguos se conocen de aproximadamente las mismas latitudes a lo largo del cinturón de clima templado del sur que estaba en ese momento, aproximadamente 50 grados al sur», puntualiza.




Griffin y su equipo se dirigieron deliberadamente al norte de Zimbabue, ya que el país cayó a lo largo de este mismo cinturón climático, cerrando una brecha geográfica entre el sur de Brasil y la India durante la Edad del Triásico Tardío.

Más aún, estos primeros dinosaurios estaban restringidos por bandas climáticas al sur de Pangea, y solo más tarde en su historia se dispersaron por todo el mundo. La ruptura de estas barreras y una ola de dispersión hacia el norte coincidieron con un período húmedo en todo el mundo, o el Evento Pluvial Carniense, hace entre 237 y 227 millones de años. Después de esto, las barreras regresaron, 'sujetando' a los dinosaurios en sus distintas provincias a través de Pangea durante el resto del Período Triásico.

Los autores sugieren que los controles climáticos influyeron en la composición inicial de los dinosaurios terrestres y otros grupos principales⁠, como mamíferos, tortugas, anfibios y reptiles⁠, muchos de los cuales persisten hasta el día de hoy.


lunes, 29 de agosto de 2022

LOS COPROLITOS

 



El registro fósil de los animales del pasado no solo incluye huesos, conchas y huellas, sino también sus heces.  

Se conocen como coprolitos las heces de animales conservadas en los sedimentos a través del tiempo. Se pueden encontrar en yacimientos arqueológicos y paleontológicos, donde las condiciones ambientales sean adecuadas para su conservación. Los coprolitos pueden mineralizarse, desecarse o conservarse por anaerobiosis en ambientes húmedos o secos. 

Morfológicamente, un coprolito bien conservado no es diferente de las heces depositadas recientemente por animales de la misma especie, pero en muchos casos el material puede fragmentarse o pulverizarse por la acción de agentes mecánicos o fisicoquímicos. 

Quizás el nombre científico no denote mucho sobre el material del que están formados este tipo de fósiles –excepto si se conoce el significado El término coprolitos viene del griego, kopros, excremento y lithos, piedra. 

Su estudio permite detectar la presencia de elementos tales como fragmentos vegetales y óseos​, polen, silicofitolitos, parásitos y obtener información sobre la dieta, el rango de acción, la estacionalidad en el uso de los recursos o, incluso, infecciones parasitarias​ del organismo que produjo esas heces.​

Fueron descubiertos por Mary Anning​ y descritos por primera vez por William Buckland en 1829. Su principal importancia radica en que constituyen pruebas directas de hábitos alimenticios​ y depredación de especies extintas, especialmente carnívoros​ ya que resulta más fácil encontrar restos óseos no digeridos que vegetales, estableciendo en muchos casos relaciones directas depredador-presa​. 


Es posible estudiar aspectos de la composición de los coprolitos mediante distintas técnicas. Una de ellas consiste en tomar imágenes mediante una tomografía axial computarizada (TAC)​ o microtomografía​. Otra técnica para el procesamiento de estas muestras implica la división en submuestras, rehidratación, deflocuación, filtración, para entonces analizar cada inclusión por separado.​

Como se desprende de su nombre, copro - excremento, se trata de las heces fosilizadas de organismos que vivieron en el pasado.   pero para muchos paleontólogos e investigadores han sido de gran ayuda para desenterrar misterios relacionados no sólo con la alimentación de antiguas especies, sino con su forma de vida, enfermedades e incluso para descubrir elementos orgánicos de otros organismos.

Obviamente, en concordancia con el tamaño de la especie que los produjo, el tamaño de estas piezas puede variar desde unos pocos centímetros a varios metros, perteneciendo estos últimos a especies de vertebrados gigantes que poblaron la Tierra en otras eras, como los dinosaurios o los mamuts.  Algo que resulta llamativo, es que la mayoría de los coprolitos que se conservan en buen estado pertenecen a depredadores y carnívoros y esto se debe a que el fósforo y el calcio de los huesos de sus víctimas son excelentes compuestos para la preservación y formación de los fósiles.



En la actualidad, las investigaciones sobre coprolitos forman parte de un ámbito de trabajo que goza de gran dinamismo y que está proporcionando resultados de considerable interés. Su principal importancia radica en que constituyen pruebas directas de los hábitos alimenticios de especies extintas. Además, a través de su estudio, es posible conocer el clima y el ambiente en el que vivían los animales del pasado, humanos incluidos, e incluso sacar a la luz aspectos sobre su comportamiento o de qué forma utilizaban el territorio. Según sus características y el lugar donde se hayan descubierto, es posible establecer con cierta precisión aspectos de los animales a los que pertenecieron; por ejemplo, los coprolitos de un herbívoro son diferentes de los de un carnívoro.


jueves, 26 de mayo de 2022

LA PALEOECOLOGÍA.

 Paleoecología. Es la rama de la paleontología que estudia los organismos fósiles y los restos fósiles del pasado para conocer su medio ambiente y reconstruir los ecosistemas presentes en la tierra durante las diferentes eras geológicas.

El objetivo de la paleoecología es el de reconstruir el modelo más detallado posible del ecosistema de organismos que hoy se encuentran dentro de rocas sedimentarias como fósiles. Estas reconstrucciones ecológicas se hacen teniendo en cuenta, como base de partida, los actuales ambientes naturales y parámetros biológicos, físicos y químicos que los caracterizan, como la temperatura media y sus rangos, la naturaleza y cantidad de comida disponible, el grado de intensidad de la iluminación solar, la salinidad del agua etcétera.



Los restos fósiles, se conservan gracias a los minerales que los petrificaron, pero suelen sufrir cambios o deformaciones, habiendo sido ya estudiados en la antigua Grecia.
El método palinológico ha sido muy utilizado para describir cambios de vegetación y clima desde los años veinte de este siglo, iniciando con los estudios del científico Von Post en Escandinavia (Faegri e Iversen, 1989).
El método se basa en que los granos de polen producidos por las plantas se incorporan por el viento o agua a los sedimentos de cuerpos de agua como lagunas, pantanos o turberas y allí se conservan de manera casi permanente. Si bien, el polen se conserva mejor bajo condiciones anaeróbicas, como en pantanos o turberas, su conservación es más problemática en ambientes calcífilos.


El polen se preserva durante mucho tiempo en los sedimentos, aunque expuestos a sequías ocasionales se pueden dañar por efectos de oxidación. Si la deposición es muy lenta los granos de polen también son más expuestos a efectos de microbios. Factores que influyen en el transporte del polen son características del mismo polen como tamaño, forma, densidad, posición de la planta en la vegetación y las condiciones climáticas.
Ha permitido el estudio del cambio climático y el impacto antrópico en sitios arqueológicos, ha abierto un nuevo sendero en la micropaleontología que ha pasado de su estandarte tradicional a la vanguardista forma de mirar al futuro a través del pasado.



La magnitud de este cambio queda grabado en el registro geológico y los micro paleontólogos, da la oportunidad única de interpretar e inferir si estos cambios han tenido un impacto en el ambiente físico o social de las comunidades que los instigaron.


El suroccidente norteamericano nos ofrece algunos ejemplos geológicos, prehispánicos y recientes de gran valor para contribuir al conocimiento sobre el cambio climático e impacto antrópico en los últimos 11 mil años antes del presente (AP). El espectro de estos estudios micropaleontológicos comienza con el estudio de los canales de irrigación de Las Capas, Tucson, Arizona (Período Agrícola Temprano, 3000 AP a 2000 AP) entre otros en el Valle de Tucson y luego se ha extendido a gran parte de los valles de Phoenix y del Río Gila, incluyendo el vasto acervo de los complejos canales construidos por la civilización Hohokam en los primeros 1450 años de la era cristiana en el valle de Phoenix, Arizona.
De ahí, se proyectó a estudios en Texas, Nuevo México, Nevada y California donde las reconstrucciones paleoclimáticas han permitido identificar el Younger-Dryas en las cercanías de Albuquerque, Nuevo México y la transición de la Anomalía Climática Medieval y de la Pequeña Edad del Hielo en el Norte de Texas.



Nuevos estudios han permitido identificar la respuesta de los ostrácodos a la presencia de metales pesados en lagos naturales y artificiales como el Lago Patagonia, en Arizona, así como la transición de un ambiente no perturbado a uno seriamente perturbado en tiempos históricos en Ash Meadows National Wildlife Refuge, Nevada. Estos estudios han dado lugar a que algunas personas exploren la oportunidad de hacer investigación desde la iniciativa privada.


miércoles, 30 de marzo de 2022

HALLAN INSECTOS QUE HABITARON COLOMBIA HACE 100 MILLONES DE AÑOS.

 Cuando se piensa en fósiles del Cretácico en Colombia, lo primero que se viene a la mente son lugares como Villa de Leyva, Boyacá y Zapatoca, Santander. En estas poblaciones es común encontrar una amplia gama de fósiles pertenecientes a grandes reptiles marinos, pterosaurios, peces y una gran cantidad de invertebrados como las amonitas y los cangrejos. Al igual que estos últimos, los insectos son invertebrados que de hecho representan una parte considerable de la diversidad actual de animales, pero cuyo registro fósil en el país es prácticamente nulo. 


 Paleontólogos de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario descubrieron los restos fosilizados de dos insectos de agua dulce en una cantera en el municipio de La Calera, cerca de Bogotá. “Previo a este descubrimiento, solamente se habían reportado unos fragmentos de alas pertenecientes a una libélula de 120 millones de años de antigüedad en Villa de Leyva y nidos fosilizados de avispas de hace 16.000 años encontrados en Pubenza, Cundinamarca”, comentó Andrés Alfonso, estudiante de la maestría en Ciencias Naturales de la institución, y quien lideró la investigación publicada recientemente en la revista internacional Cretaceous Research. 

 Este descubrimiento permite entender de una mejor manera el ecosistema de esta región del país hace aproximadamente 100 millones de años. La presencia de estos insectos junto a características propias de las rocas, indican que en esta zona se desarrolló un antiguo lago de agua dulce, rodeado de plantas, lo que permite entender mejor los ambientes que dominaron el norte de Suramérica durante parte del periodo geológico conocido como el Cretácico, puntualizó el paleontólogo Edwin Cadena, profesor Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario. 

 Encontrar insectos en ámbar es bastante habitual, sin embargo, encontrarlos preservados solo en las rocas es algo poco usual; considerando que los cuerpos de los insectos, al carecer de estructuras rígidas como conchas o caparazones suelen deteriorarse rápidamente y no dejar huella de su existencia en el registro fósil. Por esta razón, este hallazgo es tan especial, y muy seguramente permitirá el inicio de futuras investigaciones en la zona de la Calera, que espera seguir liderando el grupo de investigaciones en Paleontología Neotropical Tradicional y Molecular (PaleoNeo) de la Universidad del Rosario.


lunes, 16 de agosto de 2021

LA PALEOCLIMATOLOGÍA

 

La paleoclimatología estudia las características climáticas de la Tierra a lo largo de su historia y se puede incluir como una parte de la paleogeografía. 


Estudia las grandes variaciones climáticas, sus causas, y da una descripción lo más precisa posible de las características del clima que nos sirve para un momento determinado de la historia de la Tierra.


La variación a escala geológica de los factores que determinan el clima actual, como la energía de la radiación solar, situación astronómica y radiación cósmica, relieve y distribución de continentes y océanos, y la composición y dinámica de la atmósfera, constituyen los factores más utilizados en la deducción y explicación de los paleoclimas.


El Paleoclima, palabra compuesta del griego "paleo": pasado, antiguo y cllima es el estudio de los climas sucedidos hace muchos años. Es el clima que existió antes de que fuéramos capaces de una tecnología que nos permitiera analizar el mismo. Los paleoclimatólogos, para llevar a cabo sus estudios, en vez de usar técnicas instrumentales, se valen de los registros ambientales naturales, (llamados proxy), para averiguar el clima existente en el pasado.

Los estudios del clima pasado (paleoclima) se realizan estudiando los registros fósiles, las acumulaciones de sedimentos en los lechos marinos, las burbujas de aire capturadas en los glaciares, las marcas erosivas en las rocas y las marcas de crecimiento de los árboles. Con base en todos estos datos se ha podido confeccionar una historia climática reciente relativamente precisa.


jueves, 8 de julio de 2021

DINOSAURIOS A LA COLOMBIANA

 En nuestro país existió una especie de reptil marino, considerado primo hermano de los dinosaurios. Aunque en Colombia no habitaron ni el Tyranosaurio Rex ni el Velociraptors, sus primos hermanos los Plesiosaurios, Ictiosaurios y Saurópodos habitaron el territorio colombiano hace aproximadamente 144 millones de años, durante el periodo cretácico.

Durante ese periodo el país se encontraba cubierto por agua, razón por la que restos de estas especies han sido encontrados en los departamentos de Boyacá y Huila. Los plesiosaurios eran criaturas marinas que tenían aletas para poder nadar, el cuello largo y la cabeza pequeña.




Los primeros fósiles de estas especies fueron encontrados en Villa de Leyva, Boyacá, en los años 40. El primer fósil encontrado fue el Callawayasaurus colombiensis y fue completamente recolectado en 1948. Actualmente se encuentra expuesto en el Museo Geológico Nacional José Royo y Gómez en Bogotá, como una de las principales piezas de la colección.


En abril de 2018 finalizó la excavación del que se presume es el pliosaurio más grande del mundo. Investigadores de la Universidad Nacional encontraron en Sáchica, Boyacá, un reptil marino que en total mediría casi 11 metros desde la nariz hasta la punta de la cola. Con una cabeza de casi 3 metros y un cuerpo de 9 metros aproximadamente, el fósil podría ser parte de una nueva especie, razón por la que aún continúan los estudios.